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RAJOY PRESLEY

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La noticia de ayer, por la mañana, era de 1970. El 21 de diciembre, Elvis visitó a Nixon en la Casa Blanca. Se presentó de buena mañana: - ¿Está el presidente? - ¿Quién quiere verle? - Dígale que está aquí el rey. Era sólo el rey del rock, pero era un rey. Luego, por la tarde, en directo, se repitió la escena. Un tipo que sólo es presidente recibiendo las lecciones de todo un rey. En este caso, del autoproclamado rey de la lucha antiterrorista, pero rey a fin de cuentas. "Allí estaba Nixon, con su traje gris oscuro. Y allí entró Elvis, con pantalones ajustados de terciopelo morado, camisa blanca de seda con cuello de pico inmenso por encima de un chaleco corto que dejaba ver el cinturón con su gigantesca hebilla dorada. Y una capa. Las gafas eran de cristal tintado, con una montura de plata tan gruesa que cabían las letras "EP" escritas con brillantes". Elvis, extravagante pero modesto, fue a ver al presidente para que le diera una placa de agente federal. Mariano, ...

MUERTE Y ABSTRACCIÓN

Los primeros días de enero, unos amigos, corresponsales en la COPE (la madre de ella está enganchada a Federico), me informaron de que en esa excitada emisora el escándalo de esos días consistía en que, después del atentado, el gobierno se negaba a hablar de “muertos” y empleaba la palabra “desaparecidos”. Según se me informó, estas sutilezas semánticas habían sido desatadas por Arcadi Espada, pensador de guardia. La idea de fondo es la siguiente: el desaparecido, como ausente, puede llenarse con cualquier cosa; el muerto ocupa un espacio y su negación es imposible. El desaparecido es una entelequia, el muerto es real. Ante un desaparecido cabe un proceso de fin de la violencia. Ante un muerto, una cosa así es algo más que una falta de educación. La cosa es que los “desaparecidos” aparecieron y se vio que, en efecto, como presuponía Arcadi y en contra de las esperanzas de sus familiares, estaban bien muertos. Con esa denominación circularon los siguientes días: en el atentado de la T4 ...

MANIFESTACIONES, LÓGICAMENTE

La última vez que fui a una manifestación lo hice convocado por José María Aznar, presidente del Gobierno, con un lema impuesto por José María Aznar, cuando José María Aznar nos quiso hacer creer que era ETA quien había cometido el atentado de Atocha, en la creencia, suya, confirmada entonces por la experiencia, de que los españoles siempre respaldarían a su gobierno ante un atentado de ETA. Así había sido, de hecho, cuando ETA volvió a matar tras la tregua que declaró siendo él presidente. Entonces hubo una manifestación en la que estuvieron todos los partidos y todos los expresidentes. Y nadie le pidió explicaciones en el Parlamento. Las concesiones que él sí había hecho a los terroristas se consideraron parte de aquella negociación. Miremos al presente. Un atentado terrorista de ETA con dos víctimas rompe la tregua. Se convoca una manifestación. Y, lógicamente, la “Asociación de Víctimas del Terrorismo”, como su propio nombre indica, no asiste. No lo hace por capricho ni por inerci...

RADIO MARÍA

El libro de instrucciones de la radio de nuestro coche ocupa la mitad de páginas que las instrucciones del coche entero. Allí, en algún lugar, se explica cómo oír la misma cadena aunque cambie la emisora. No hemos llegado tan lejos en nuestras averiguaciones y cada vez que el sonido se va perdiendo cambiamos a mano. Entonces, sí o sí, aparece Radio María. Radio María nos muestra la existencia de una potente red de emisoras, de otros gustos y de otros mensajes. Es, en la radio, como el zapeo de la tele, esa opción rápida donde te enteras de que Gran Hermano aún existe. Apréciese la metáfora, porque es redonda. Al parecer, Radio María ha sido el motor de la llegada al poder de los gemelos Zaczynski. Una COPE polaca y eficaz que, en lugar de quedarse en el calentón, llega al orgasmo. La COPE no la he oído casi nunca, pues sus contenidos, por simpáticos, acaban alcanzándote. Por contra, en los brevísimos pero múltiples momentos en que he oído Radio María, no he adivinado más gracia que...

INDIGENISMO

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Txeroki desempolvó el hacha de guerra y murieron dos indios. Parece de película pero es de verdad, doblemente. Indios de verdad y muertos de verdad. Txeroki no es un nombre auténtico, es sólo un apodo. El nuevo jefe militar de ETA se llama realmente Garoitz Aspiazu. Él esto ya lo sabe y por este lado no se le pilla. Siendo el nombre falso, lo real de Txeroki es su causa: lucha por la liberación de un pueblo oprimido. No está bien llamar indios a los ecuatorianos que murieron en la T4, porque en Ecuador las nacionalidades indígenas amerindias son sólo el 25% de la población y es posible que esos dos muchachos estuvieran, más bien, en el mayoritario grupo de los mestizos. Ser de pura raza, como Txeroki, es cosa de unos pocos escogidos. La cosa es que los mestizos que murieron tenían nombres menos indígenas que Txeroki. Ni tan siquiera se llamaban Garoitz, sino Carlos Alonso y Diego Armando. Tenían, eso si, algo a su favor: disfrutaban de la independencia de España desde 1822. Satisfecho...

A LOS PRINCIPIOS

Me contó Raquel que, en el programa de la Ventana de la Cadena Ser, Almudena Grandes decía que no le entraba en la cabeza que alguien pudiera estar en contra de permitir la selección de embriones para traer al mundo a un niño que pudiera salvar a un hermano enfermo. Yo soy de los que no le entran en la cabeza a Almudena Grandes. Supongo que ella más bien pensaría en la Iglesia Católica, que está en contra. Esta vez estoy de acuerdo con la Iglesia Católica: no se debería permitir. Habría que decirle a esos padres que se siente mucho, pero que han puesto su esperanza en un lugar al que no podemos tolerar que lleguen. Si de mi dependiera, ese niño enfermo moriría antes de permitir la manipulación de la vida de otro para salvarle. Así de duro y así de claro. La idea de un niño enfermo terminal es horrible, pero la idea de un niño nacido para algo es mucho peor. La idea de un ser humano como medio para la salud de otro me parece mostruosa. Aunque estuviera garantizado el éxito terapeútico ...

AUGUSTO

Esta vez Pinochet ha llevado demasiado lejos sus tretas para que la justicia no le pille (para sustraerse a la acción de la justicia, como se dice en expresión acuñada). Creo, incluso, que este truco sea definitivo. Y sé que debería decir "me temo que será definitivo", pero no lo digo porque no lo temo. Es un truco suficientemente bueno para saciar mis expectativas. El afán justiciero de una generación de españoles hacia Pinochet era insaciable. Durante un tiempo bastante largo pareció que el golpe de estado de Pinochet no había sido contra Allende, sino contra nosotros mismos, en plan afrenta personal.Contaré un secreto: el dictador español no era Pinochet, se llamaba Franco. Cuando Pinochet dio su golpe yo tenía nueve años y me faltaban unos meses, exactamente tres, para desarrollar la conciencia política,lo cual ocurrió exactamente el 20 de diciembre de 1973, cuando mi madre me explicó que el que había saltado con su dodge hasta el patio de los jesuitas era el presidente d...