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Mostrando entradas de junio, 2008

LUIS ARAGONÉS

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Los futbolistas siempre tuvieron nombre propio y las generaciones se diferencian por los primeros que recuerdan. Los que cantan las delanteras de cinco en cinco es que son del bachillerato antiguo. Pese a la singularidad de los futbolistas, en el principio fue el juego colectivo. Al menos, para los niños de antes. En mi caso, una canc ión lo deja más que claro: "la raspa la inventó Amancio con el balón. Amancio tira a Pirri y Pirri tira a Muñoz. Muñoz se tira un pedo y asusta al portero". La filigrana incomprensible de Muñoz (incomprensible porque Muñoz era el entrenador), tenía, lógicamente, mucho interés para mi mentalidad de entonces. Esa jugada un niño podía imitarla. A donde quiero ir a parar es a que hasta 1973 no me enteré de que se podía mirar a los futbolistas por separado, uno a uno, solos. Fue cuando el Barça fichó a Johan Cruiff y el Real Madrid a Günter Netzer. A partir de entonces, el diario ABC inventó la moviola. Por eso, los lunes yo cruzaba a casa de m

SEMIFINALES

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En el campeonato mundial de fútbol del 2006, los semifinalistas eran países europeos fronterizos entre sí: Alemanía, Francia, Italia y Portugal. -Portugal no tiene frontera con Francia. -Hay que modificar la mirada: se trata de ver a España como vacío. El mundo es muy grande y, sin embargo, todo se resolvía dentro del cogollo del cogollo de la Unión Europea y, si me apuras, de la Comunidad Europea del Acero y del Carbón (perdona que me olvide de ti, querida Portugal de la suadade) En el campeonato de europa de fútbol del 2008, los semifinalistas son el país europeo que más ganas de unir a los europeos mostró durante el siglo XX y tres países perifericos, guardianes de las fronteras: con África, con Asía central, con el lejano oriente. En algún sitio leí que Karl Marx emparentaba a Turquía y España como lugares tan alejados de las corrientes culturales europeos que había que dejarlos fuera de sus análisis. Es sabido lo que pensaba de Rusia. Ni zares, ni sultanes, ni señoritos tenían muc

ESPAÑA-ITALIA

España ganó a Italia en los cuartos de final de la eurocopa. Pudimos. Pudieron. España ganó en la tanda de penaltis, donde sólo falló el futbolista que aún tiene cara de Curro Jiménez. Un portero normal, ni nervioso ni vasco, extraño para portero español, paró dos. Un centrocampista catalán, culto y joven marcó el último, disparando, ante el mejor portero del mundo, por el sitio por el que éste tenía más tendencia a lanzarse. Una victoria sudada, pero limpia, eficaz, moderna, cargada de confianza, desodorante. La inocua batalla entre españoles e italianos congregó, sólo entre los habitantes de los países implicados, más de 37 millones de personas. Aprovechando que los países ricos atendían a los penaltis, un grupo de africanos intentó entrar en Melilla saltándose las barreras a la carrera. - "Unos cincuenta consiguieron colarse en el lado español y permanecieron escondidos en árboles, bajo coches o en contenedores de basura mientras eran buscados por los agentes, que los devolvie

ENTUSIASMO (EL SPORTING EN PRIMERA)

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Cuando brotó el entusiamo, las masas todavía supieron contenerse y el espacio sagrado, geométrico, trazado según reglas, permaneció preservado, como si aún fuera espectáculo, y no fiesta. Por eso, cuando el espontáneo salta, se nota que el ridículo lo hacen, más bien, quienes intentan que cada cosa siga en su sitio, cuando es evidente que estamos a punto de romper aguas. Luego, cuando los antiguos protagonistas volvieron al campo, disfrazados de orgiastas, las masas comprendieron que la ruptura de la etiqueta era la puerta para el arrebato y, unos por otros, todos saltaron a practicar el canibalismo de los héroes, pues muchos pensaban que estaban para comérselos. En el arrebato, donde la masa encuentra su recompensa y su sentido, un puñado de amigos explora los límites de su unidad: nunca volverán a estar más juntos. Al llegar hasta tan lejos han compuesto una escena que recuerda a la toma de Iwo Jima , pero sin Iwo Jima, porque la magia del entusiasmo es que, como dice Lyotard, &quo

LENGUAJE Y GÉNERO

He coincidido con el vecino en el garaje. Le he esperado para tomar el ascensor y le he dicho: -¡Holo! Justo en el momento de pronunciar la última letra (una "o"), he visto al vecino de un modo peculiar, más preciso, lleno de detalles reales, y masculinos. No es que el vecino se haya bajado los pantalones, ni que repentinamente le salieran pelos por las orejas, es que, por fin, al atreverme a saludarle por su género, más allá de las terribles trampas del lenguaje que nos hace invisibles a los varones en los saludos, le he captado en su plena identidad y he comprendido que es un gran persono . PD. Como respuesta a esta entrada, Ana escribió lo que ahora incluyo y que supera, con mucho, a lo que escribí yo. Como puede haber alguien que no lea todos los comentarios, lo traslado hasta aquí: "Ayer un taxisto me llevó a la consulta del dentisto. Ví a un policío detener a un carteristo. A mediodía vino a casa un electricisto, que por cierto es motoristo, que nos contó que habí

DISTANCIA Y HUELGA

Fui ayer hasta mercadona: no había yogures y los únicos huevos que quedaban estaban cocidos. La sorpresa de enterarme de que se venden los huevos ya cocidos fue menor que la de encontrar un supermercado con pasillos vacíos. Comprendí que la reposición continua de las mercancías es un presupuesto de nuestra existencia (les pasaba lo mismo a Adán y Eva antes de comer el fruto prohibido). Se ha movido el suelo en el que nos apoyamos: estamos en crisis. En el frigorífico queda un yogur. Podría desplazarme hasta la cocina y comérmelo. Me disuaden dos cosas: es el último y he leído que el recorrido medio de los ingredientes de un yogur hasta coincidir dentro de un mismo recipiente es de 7000 kms. Leches, fermentos y plásticos han tenido que hacer un largo viaje. Me costaría bien poco levantarme del ordenador, dirigirme a la cocina y zampármelo. Unos pocos pasos para mi, pero dos veces la distancia del Tour de Francia para la sociedad de consumo. Y es que, a 130$ el barril, la sociedad de

MERCADO

El mercado construía viviendas caras, que no se necesitaban (sobran), mientras lo que hacía falta eran alimentos baratos (faltan). Todo eso ante las narices de miles de organismos de gestión y control llenos de economistas que creen que nunca pasarán hambre (pero casi nunca aciertan).