Entradas

Mostrando entradas de enero 23, 2007

AUTONÓMICOS

Imagen
Los presidentes autonómicos tienen cara de carretera nacional. Los líderes nacionales tienen un aire homologable, de estación de servicio de autopista, de certificación ISO 9000. Los presidentes autonómicos tienen un regusto regional, a fonda que queda detrás de una curva, a mantel de hule, a vino de mesa con gaseosa rellenable. Los presidentes autonómicos, aunque se dan muchos aires, parecen presidentes provinciales con hábitos comarcales a los que no les deberíamos haber dejado salir a las responsabilidades municipales e, incluso, mantenerles lejos de las agrupaciones de barrio, ocupados en la escalera de vecinos. Hay presidentes autonómicos que parecen un anuncio de televisión local. Enseñan toscamente cosas demasiado conocidas. El presidente de La Rioja, 007 de poco cubicaje, cuando los periodistas le preguntan si él grabó al Presidente del Gobierno, declara que le importa un pimiento. Como es de la Rioja: pimiento. Llega el presidente de Cantabria y se chiva, diciendo: blanco y e

ALHAURíN

El alcalde de Alhaurín el Grande fue detenido por agentes de la Unidad contra la Delincuencia y el Crimen Organizado. Le acusaban de estar organizado con el concejal de urbanismo. El alcalde de Alhaurín se enfadó mucho, no sólo por la cosa personal de ser él el detenido, sino porque no sabía nada de que alcaldes y concejales de urbanismo pudieran organizarse para cometer delitos. Tanto se sorprendió que su sorpresa salió de si mismo, haciéndose pública, a voces. El alcalde de Alhaurín dejó claro su altruismo, manifestando, a grito pelao, que él, personalmente, no es nada, que él sólo tiene sentido dentro de un grupo humano más amplio: -Vienen a por el PP. A por el PP vienen. Reconozco que prefiero, en casos así, la flema anglosajona o el estoicismo castellano, pero creo que se debe admitir que si eres el alcalde de un sitio llamado Alhaurín el Grande actúes como un árabe, y grites. Los gritos del alcalde de Alhaurín el Grande eran tan exagerados que no quedaba más remedio que mirarle