2008-11-26

LA CRISIS Y LA CUENTA

Leo sobre la crisis y me parece que todo remite a una sola cuestión:

-¿Quién paga?

Se acabó la fiesta, llega la cuenta. Los ricos, General Motors, Telefonica, Citi... han pagado, ya, el 40, el 60%...

- Los demás ¿debemos perder lo mismo?
- Por lo menos

Y lo perderemos. La discusión radica en si tendremos que pagar nosotros la parte de los ricos, que seguramente. Lo que es seguro es que perderemos, por lo menos, lo mismo (pues, así como ha llegado la socialdemocracia, ha llegado la justicia), lo cual, a nuestro nivel, supone más.

Ahora se trata de que no lo sepamos. De que el parado no pague su hipoteca durante un tiempo, para que luego siga pagando y, por lo tanto, haciéndose cargo de su doble cuota de empobrecimiento: lo que no cobra durante un tiempo y lo que pagará de más por un bien que vale menos.

15 comentarios:

pipurrax dijo...

No creo que nuestra nómina baje ni un euro. Otra cosa es que muchos pasen de ganar algo a ganar nada, porque les hayan echado del trabajo. También he de decir que probablemente no he leído ni la mitad de cosas que tú sobre la crisis.

heptafon sin ojo dijo...

Com en la película de los Hnos Marx (más madera, es la guerra) la economía ha ido avanzando en una orgía consumista que superaba las capacidades de gasto. Al final, se acabó la madera de los vagones.

La solución: cargar más madera en los vagones. Pagando, claro.

Anónimo dijo...

Sueño también con los desempleados que cobran el paro y, además, dinero negro porque siguen trabajando.
Me enfado en el sueño y me levanto de mal humor.
Creo que los pobres no ganarán el paraíso. No todos, al menos, no todos.
devisita

Anónimo dijo...

Creo que , en efecto, la cosa al final se reduce a quién paga la cuenta. Ups and downs, tops and flops.

Ferrán Diaz, presidente de la brillante clase empresarial española, opina que deben ser los funcionarios porque todo el mundo sabe que no trabajan. De igual modo opina que el estado debe venir al rescate de los emprendedores porque todo el mundo sabe que son ellos quienes trabajan.

Las dos cuestiones son:
a) ¿Cómo pueden volatilizarse en dos meses los efectos de una fase expansiva sin parangón de cerca de diez años? ¿Acaso nuestros empresarios no leyeron el cuento de los tres cerditos de pequeños?
("Economy made simple").

b) ¿Cómo es que tenemos una legislación laboral rígida y costosa para el emprendedor y a la vez la tasa de paro casi se duplica en dos meses con un millón de parados más?

Decía este gran presidente , que es miembro del Consejo de Adminisración de Marsans, que el gobierno argentinio les estaba echando "a gorrazos". Espero que no le dijera a Cristina Kirchner: "Oye, mala puta, los argentinos sois todos unos ladrones".

kk

Ana dijo...

KK ha dado en el clavo: ¿Qué carallo han hecho los constructores con lo que han ganado estos años? ¿Dónde está todo ese dinero (el negro y el blanco)? ¿Reinvertido en las propias constructoras? ¿Debajo del colchón del empresario? ¿Debajo del colchón del alcade y los concejales de turno?

Ana dijo...

El de los tres cerditos no sé, pero El Pocero de Seseña creo que no se leyó el cuento de la lechera. Bueno, a lo mejor lo leyó pero no lo asimiló bien, ya veis lo que dice el informe Pisa.

Ana dijo...

Los crucifijos en las aulas: lo que no revela el informe Pisa.

- Hoy no vamos al parque porque Fulanita tiene catecismo.
- Mamá, ¿qué deporte es el catecismo?

- Mamá, ¿qué era eso?
- Una monja.

Mirando una bola del mundo:
- Abuela, ¿dónde está misa?
- ¿Misa?, ¿qué misa?
- Ese sitio donde vas tú muchas veces.

Ángel dijo...

Ana, esas niñas son una mina

heptafon dijo...

Blog para Marta y Elena ya!!

Anónimo dijo...

En efecto Ana, hace falta imponer el sentido común... sí o sí, leñe!
kk

Pablo dijo...

- Cuando yo iba al colegio, en clase rezábamos todas las mañanas.
- ¿Y por qué rezabais, si la escuela no es una iglesia?

Perez Reverte dijo dijo...

Parece ser que este artículo de Arturo Pérez-Reverte, fue publicado en "El Semanal" el 15 de noviembre de 1998, y que ahora, diez años después, se revela como una auténtica profecía.



LOS AMOS DEL MUNDO

Arturo Pérez-Reverte


Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o de un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio -o al revés-, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará a usted el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo; porque siempre ganan ellos, cuando ganan, y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tiene que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder; el riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días.

Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces -¡oh, prodigio!- mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.

Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la pagan con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con sus puestos de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena..

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

heptafon dijo...

Lo de Pérez Reverte no es una profecía. Véase la película Wall Street (Oliver Stone) de 1987. No hace más que describir lo que ha sucedido varias veces ya, quizá nunca con esta virulencia. Todo sale del neoliberalismo que aboga por la no intervención del estado, la autoregulación de los bancos (que se lo digan a los islandeses). Eso si, que papa estado nos rescate luego con la pasta de los paganos a Hacienda.

heptafon dijo...

Otra anécdota de Marta, la publiqué en mi blog y la repito aquí:
Marta preguntó a su abuela quien era el señor del crucifijo. Su abuela le respondió: "Jesús" y Marta (que había estado en la espicha de mi boda) replicó: " Ah, ¿el de la fiesta?"

Anónimo dijo...

Jesús no es el de la cruz, Jesús. El de la cruz es Jesucristo.
kk

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